El artista Raymond Campos se ha inspirado en la obra poética de Miguel Hernández para modelar unas impactantes obras de arte en forma de esculturas de arcilla figulina. Merced a un convenio entre el autor y el Ayuntamiento de Orihuela, de fecha 4 de marzo de 2026, supervisado por el Aula de la UNED Elche-Torrevieja, este conjunto de catorce pequeñas piezas se expondrá de manera permanente en la Casa-Museo del poeta oriolano.

La obra
El pasado 14 de mayo de 2025, en el Centro de recepción de visitantes de la Casa-Museo Miguel Hernández, de Orihuela, se inauguró la muestra escultórica ‘Me llamo barro aunque Miguel me llame‘, de Raymond Campos. «Mi encuentro con Miguel Hernández, gracias a Jesucristo Riquelme –declara el escultor– me ha abierto un mundo poético y, sobre todo, me ha permitido que experimente con el fin de poder reflejar ese universo complejo, lleno de fuerza, con sus asperezas y sus aspiraciones de libertad sin concesiones».
La actividad la auspicia el Aula de la UNED de Torrevieja. Su coordinador, el catedrático de Lengua y Literatura Jesucristo Riquelme, se ocupa de contextualizar e interpretar el sentido artístico de la muestra. «La puesta en escena, ideada por Tomás Serna, crea una escenografía de altar escultórico: un conjunto de catorce piezas sobre sendos pedestales, a modo de peana. Se trata de piezas sueltas, trabajadas con las manos sobre arcilla blanca y, posteriormente, horneadas; elementos naturales –troncos de palmeras– soportan la cultura resuelta en una versión transartística –de la literatura a la escultura–. Además de la naturaleza vegetal –un tronco cercenado para pedestal cilíndrico–, la ambientación queda resaltada por la belleza de una tramoya mineral natural; un decorado sustentado en la magia de la sierra que emerge: la sierra de Orihuela que irrumpe cual diminuta costilla o cicatriz petrificada y se mantiene a la vista».
Las esculturas de Campos, con su fragilidad material, y sus formas endebles y de apariencia efímera, nos atrapan y no nos sueltan: evocan al Miguel Hernández de mayor calado humano; gozan de un valor estético en sí. El resultado es original y exclusivo: la fugacidad de la belleza afianza la función estética de unas figuras que parecen efímeras, irrepetibles, que despiertan el misterio de su significado por medio de sus quebradizas formas.
Esta breve colección constituye una obra especial basada en la figuración que se desprende de los más representativos poemas del escritor oriolano: ‘El nazareno‘, de su etapa católica, ‘Aceituneros‘, de Vientos del pueblo, ‘Nanas de la cebolla‘, de momentos carcelarios y siempre de precariedad absoluta. Las catorce piezas están esculpidas manualmente sobre arcilla blanca que, una vez moldeada, se hornea sin que pierdan el cromatismo níveo.
El título de la exposición hace alusión a una transformación matérica, una metamorfosis y, a la vez, un hibridismo de tierra y agua (lluvia) –el que produce el barro–. ‘Barro me llamo aunque Miguel me llame‘ es el poema central del libro ‘El rayo que no cesa‘, publicado en 1936, construido sobre una temática amorosa, mayoritariamente de sonetos.

El autor
Raymond Campos, de origen andaluz –nació en Linares, en 1950–, ha querido volcar la creatividad poética en esculturas de pequeño formato: ha logrado que su obra se observe con fruición y se comprenda la trayectoria humana de un Miguel Hernández plural y polivalente.
Campos desarrolló toda su vida profesional en el ámbito de la arquitectura y del interiorismo en la ciudad francesa de Valence-sur-Rhône, al sur de Lyon. Desde hace unos pocos años en Torrevieja, ha dejado emerger su vena creativa en la pintura, la fotografía y la escultura de pequeño y, en estado de proyecto, de gran formato. Pertenece al recién fundado Grupo Arte Torrevieja y es también un activo estudiante sénior de los programas Universidad Abierta para mayores y Cinecrítico de la UNED de Torrevieja.